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MITOLOGIA CaNTABRA

 

 

A lo largo de los tiempos, diferentes historias sobre criaturas que pueblan Cantabria han ido pasando de padres a hijos vía oral, por eso nos quedan algunos bocetos sobre lo que antaño fue una extensa y rica colección de historias mitológicas.

Los personajes de quienes vamos a hacer el retrato más abajo son los principales protagonistas de estos mitos.

 

 

I/ EL OJÁNCANO

Este personaje es el símbolo del odio, de la ira y de la destrucción. El ojáncano se alegra de los males de los hombres y disfruta con todo lo que destruye, amenaza, desgarra y maltrata.

Se identifica con un ser brutal y primitivo, dotado de fuerza descomunal y con un ojo único en la frente por el cual echaba fuego. Su rostro es redondo de color amarillento y con unas largas barbas rojizas. Se cuenta que tiene un pelo blanco entre sus espesas barbas, este es el punto débil del ojáncano ya que si se le arranca este pelo, muere inmediatamente. En cada pie y mano tiene diez dedos que terminan en unas afiladas garras.

Viven en grutas profundas cuyas entradas están siempre disimuladas por maleza, arbustos y grandes rocas. Cuando los Ojáncanos están aburridos, se dedican a arrancar rocas de los montes y a colocarlas en las fuentes, en los atajos o en las puertas de los refugios. Otras veces, estropean los puentes, roban ovejas y destruyen el sembrado de los campesinos.

Se alimentan de bellotas, de las hojas de los acebos, de las ovejas y de las vacas que pastan por donde ellos viven. En alguna ocasión también bajan a los valles y roban las panojas de maíz.

El Ojáncano no está solo, con él vive la Ojáncana, un monstruo tan terrible como él o quizá aún más...

 

 

II/ LA OJÁNCANA

 

La Ojáncana se parece mucho a su compañero, pero ella tiene dos ojos, aunque lo más característico de ella son sus enormes pechos, que ha de echarse a la espalda cuando corre por el bosque.

Le gusta cazar los niños que se pierden por el bosque, con los que se alimenta. Primero les roba toda la sangre, para ella el más exquisito licor, y más tarde les devora a grandes dentalladas. Cuando no dispone de sus infantiles víctimas, se tiene que conformar con comer animales, que acumula en sus refugios, generalmente cuevas oscuras y profundas.

El Ojáncano no se reproduce en pareja, su nacimiento es de lo más curioso. Cuando un Ojáncano está viejo, los demás lo matan, le abren el vientre para repartirse lo que lleve dentro y lo entierran bajo un roble. Al cabo de nueve meses, salen del cadáver unos gusanos amarillos, enormes y viscosos, que durante tres años serán amamantados por una Ojáncana con la sangre que mana de sus voluminosos pechos y de este modo pasan a convertirse en Ojáncanos y Ojáncanas.

 

 

 

III/ LA ANJANA

 

 

La Anjana es el ser bondadoso por excelencia de Cantabria, protege a las gentes honradas, a los enamorados y a quienes se extravían en el bosque o en los caminos. Es la antitesis perfecta del Ojáncano.

Vive en manantiales y en grutas secretas que tienen el suelo de oro y plata y en las que acumula riqueza para la gente necesitada. Tiene el poder de hacerse invisible e incluso transformarse en lo que desee.

Las Anjanas son mujeres hermoso rostro y atractiva figura. Sus cabellos son rubios, largos y finos, adornados con flores y lazos de seda. Nunca miden más allá de medio metro y tienen la piel muy blanca. Se visten con delicadas y bellas túnicas de seda blanca y suelen llevar sandalias, aunque algunos dicen que van descalzas.

Se suelen alimentar de miel, fresas, almíbar y otros frutos que les proporciona el bosque y pasan el día andando por las sendas del bosque, sentandose a descansar en las orillas de las fuentes y conversando con las aguas, que entonces manan más alegres y cristalinas. También ayudan a los viajeros perdidos, a los pastores, a los animales heridos y a los árboles que la tormenta, el viento o el ojáncano ha quebrado. Durante las noches, en algunas ocasiones, se pasean por los pueblos dejando regalos en las puertas de las casas de aquellos que se lo han merecido por sus buenas obras.

Nadie conoce el origen exacto de las Anjanas pero se rumorea que son mujeres santas que Dios manda al mundo para realizar buenas obras y tras cuatro siglos vuelven al cielo para ya no regresar.

 

 

IV/ EL TRENTI

 

El Trenti es el típico duende malicioso y pícaro. Tiene un comportamiento exageradamente bromista y le encanta, por ejemplo, esconderse entre los arbustos con la intención de sorprender a las muchachas jóvenes para poder tirarlas de las faldas.

Está vestido con un ropaje de hojas y de musgos y lleva zapatines de pieles de animales. Es un enano y tiene unos ojos verdes y la cara negra.

En invierno duerme en las torcas mientras que en verano prefiere dormir bajo los árboles. Suele comer panojas y endrinas, pero nunca bebe agua porque es para él un veneno que puede resultarle mortal.

El Trenti es un ser simpático, siempre deseando agradar. Es muy bueno con los hombres y en particular con los niños. Cuando alguien pierde algo, se entona una cancioncilla y el Trenti suele hallar lo perdido.

 

 

V/ LA GUAJONA

 

 

Es una vieja delgada y siniestra, tapada de la cabeza a los pies por un manto negro. Lo único que muestra son sus manos renegridas, sus pies (que en realidad son patas de ave), y su cara amarilla, sembrada de pelos y verrugas.

No vive de día y nadie sabe donde se mete, aunque algunos creen que se esconde bajo tierra. Cuando llega la noche, sale confundiéndose entre las sombras. Entra en las casas sin hacer ruido e usa su único diente, afilado y largo, clavándolo en la piel de los niños para beber su sangre fresca que necesita para vivir, hasta dejarles descoloridos y débiles pero sin matarles nunca.

En algunos sitios, la Guajona también se identifica con el nombre de Lamia.

 

 

VI/ LOS CABALLUCOS DEL DIABLO

 

Los Caballucos del Diablo surgen en la mágica noche de San Juan en un estallido de fuego y humo, con un bramido infernal que libera la furia de estar contenidos durante un año.

Son siete en total y cada uno corresponde a un color del arco iris. El caballo rojo es el jefe y también el más corpulento de todos. Tienen alas larguísimas y transparentes, como las de las libelulas, que les permiten volar por el cielo nocturno. La fuerza de su pisada es tal que hasta las rocas quedan marcadas por sus huellas.

Los caballucos tienen una misión: vienen en busca de los tréboles de cuatro hojas que comen para evitar que los mortales los encuentren y les den fortuna y salud.

En realidad, los caballos son emisarios del diablo y cada uno de ellos está relacionado con el alma de un hombre malvado.

Cuentan que a veces, se paran agotados y su saliva goteando se vuelve barras de oro. Si algún hombre las encuentra, le traerán suerte y le harán inmensamente rico, pero cuando muere, su alma bajará directamente al infierno.

 

 

Estela Cántabra

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